Hazlo tú

Anímate a recoger tus memorias o las de alguien cercano.

Escribe. Grábate. O bien graba a ese familiar anciano, o a esa amiga a quien tanto  le gusta hablar de su pasado. Si le conoces y tenéis confianza, sabrás bien qué puede aportar y no será difícil formular las preguntas. Podréis hablar en una ambiente relajado. Recoger una Historia de Vida es un trabajo cuasi infinito. Puedes profundizar más o menos;  puedes entrelazar los testimonios de varios familiares… El limite debéis ponerlo tú y el o la protagonista, a la medida de vuestra capacidades y motivaciones. Ten la convicción de que os aportará mucho y de que lograréis una historia atractiva, emocionante, profunda…

Una vez que tengas la grabación, esa parte de su Historia ya no se perderá, aunque pase tiempo hasta que alguien le dé forma; y será el insustituible punto de partida para elaborar sus Memorias. Considera la posibilidad de dejar una copia de la grabación en un archivo local. Algunos ejemplos de archivos específicos son: Ahoa y The Spanish Civil War Memory.

La Memoria Oral se puede trabajar desde la escuela. Este cuaderno, titulado “Andalucía, Nuestra Tierra“,  reúne los trabajos de niñas y niños de la escuela Nuestra Señora de La Luz de Tarifa (Cádiz), con motivo del día de Andalucía, y a iniciativa de la Asociación de Madres y Padres de esa escuela.

Lecturas interesantes. No será difícil hallar memorias personales en la biblioteca de tu pueblo o ciudad, al igual que en el archivo personal de algún familiar o conocido, o en Internet. La lectura de estas memorias te dará buenas ideas, aparte de ilustrarte sobre la historia local y sobre el pensamiento y actuar humanos.

Respecto al método, no hay una única herramienta válida. Hay formas de trabajo relacionadas con diversas disciplinas: Historia Oral, Etnografía, Antropología, Sociología, Psicología Social… Muchos documentos que hablan del método no son accesibles a un público amplio, por su vocabulario críptico y porque, a mi ver, están demasiado focalizados en una sola disciplina y no admiten otras. ¡A pesar de que estas relaciones son de los más naturales en la vida! Busca, lee, pregunta y prueba.

A mí me ayudó mucho el libro La Voz del Pasado, de Paul Thompson. Aunque está agotado, es posible hallarlo en bibliotecas.

Muletas de la memoria: el cuaderno y la grabadora. Abre una libreta o cuaderno y reservala para este trabajo. Tenla siempre a mano y anota día a día, semana a semana, todo lo que se te ocurra sobre tu familiar: ¿qué sabes de su historia? ¿qué desconoces? Si él o ella escriben con soltura, estaría bien que también tuviera su cuaderno dedicado a este fin. Cuando le venga a la memoria, que apunte esa anécdota, esa duda, esa canción, el relato de un tío suyo… No siempre se puede grabar en el momento en que recordamos algo. En estos casos, los cuadernos pueden ser una pequeña muleta de la memoria.

Consigue una grabadora digital. Cualquier modelo permite al menos varias horas de grabación e incluye un programa para transferir la voz a un ordenador. Desde aquí podrás escuchar la grabación, subirla a una web adecuada o transcribirla. No olvides llevar contigo pilas de repuesto. Cuando te dispongas a grabar la voz, haz siempre una pequeña prueba. Hay encuentros y conversaciones irrepetibles.

La entrevista. Yo trabajo con entrevistas absolutamente abiertas. En las primeras grabaciones no voy buscando datos concretos; sólo trato de que la persona se muestre como es y ofrezca su historia personal tal como la entiende y como la vivió. Da siempre prioridad al interés y motivación de la persona que cuenta su Historia. Es increíble todo lo que puede salir… o, por decirlo de otro modo, lo que quedaría sin recoger si preguntáramos de modo dirigido.

Busca un lugar y un momento tranquilos y empieza a grabar. El orden del relato no importa: se trata de contar a gusto, de sacar el sentimiento, de situarse de lleno en el momento. El orden puede cambiarse una vez transcrito. Para dar contenido y secuencia a los primeros acercamientos, te puedes valer de un guión de entrevista abierta. Posibles comienzos:

  • Empezar por la infancia: El recuerdo o imagen que guardas de más niña. Los juegos, la casa y el ambiente donde te criaste.
  • Empezar repasando la familia, los antepasados: ¿Qué sabes de tus abuelos y bisabuelos? ¿Qué te han contado sobre ellos?
  • Empezar por el presente: Quién soy yo ahora, hoy. Cómo soy. Mi quehacer diario. Lo que me da vida. Mis expectativas. Por qué quiero contar mi vida.

Tendremos que animar a contar, interesarnos por el relato, pedir aclaraciones o completar con recuerdos propios. Intenta ayudar a tu interlocutor a que se sienta escuchado y a dejarse llevar por los recuerdos, a viajar en el tiempo y describir lo que ve… Y siempre contigo un cuaderno, para anotar preguntas nuevas y dudas al hilo de lo que escuchas.

No tengas prisa en la entrevista: mejor tener que desechar piezas grabadas, que echar en falta contenidos. Cuando acabes la entrevista, antes de despedirte de tu interlocutor o interlocutora, dale la oportunidad de escuchar una pieza de la grabación, al tiempo que compruebas que se ha registrado adecuadamente. Le agradará escucharse.

Transcripción y elaboración del relato.

Fotografías y documentos personales. ¿Qué imágenes me interesa recoger? ¿Qué documentos? ¿Dónde buscarlos?… ¿Cómo escanearlas y arreglarlas? ¿Qué debo poner en el pie de foto?

El árbol genealógico. ¿Dónde puedo obtener datos de mis familiares? ¿Cómo elaborar un árbol genealógico?

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