Camino de Gibraltar; Dependencia y Sustento en La Línea y Gibraltar, por Beatriz Díaz Martínez. Editado por Delegación Provincial de Salud (Cádiz), Junta de Andalucía, 2011

(RE) CONSTRUYENDO NUESTRA HISTORIA,

por Natalia Díaz, guionista y directora de cine documental

En el año 2010 Beatriz Díaz, escritora e investigadora de larga trayectoria profesional y fuerte compromiso social, inició uno de sus talleres de memoria oral en La Línea (Cádiz, España). Este municipio gaditano tiene una génesis poco común en nuestra geografía: La Línea nació y creció por y para Gibraltar. A partir de un pequeño núcleo  urbano, será repoblada por la emigración, sobre todo andaluza, que viene en busca de trabajo en la colonia, ya que la mayoría de los trabajadores no reside ni pernocta en Gibraltar. Hasta hace unas décadas, la población de La Línea era esencialmente urbana y obrera, en abierto contraste con el resto de la comarca. Hoy en día, La Línea sigue dependiendo de Gibraltar. Este es el marco social en el que Díaz sitúa su último libro, “Camino de Gibraltar”, que hace parte de un proyecto más amplio dirigido por el médico investigador Antonio Escolar Pujolar, sobre los determinantes sociales de la sobremortalidad por cáncer en la comarca de El Campo de Gibraltar (los resultados se recogen en su libro “Sobremortalidad por cáncer en El Campo de Gibraltar; El medio social, la piedra clave”).

El libro expone los resultados de un año del taller “La historia de mi vida”, realizado con dos grupos de personas mayores de La Línea, que coordinó Díaz. Como ella misma explica en sus páginas, “La memoria oral es una herramienta imprescindible para revelar el medio psicosocial y para aproximarnos a la situación socioeconómica del pasado reciente”, y puede aportar mucho en un estudio epidemiológico porque “cualquier realidad social (…) tiene condicionantes sociales que deben conocerse, y responsabilidades institucionales que asumir”. Este es uno de los objetivos principales de Beatriz Díaz desde que comenzó su recorrido profesional: denunciar y exponer situaciones desconocidas, ocultas o deformadas, que no siempre refleja con justeza el espejo de nuestra sociedad. No sólo poner el dedo en la llaga, sino crear conciencia y mover a la acción. Cada uno de sus libros es producto de una investigación que tiene como objetivo dar a conocer un aspecto de nuestra sociedad: el maltrato policial a emigrantes de un barrio de Bilbao (El Color de la Sospecha), las redes de ayuda que se establecen de modo informal entre emigrantes (La Ayuda Invisible), etc. Los debates, conferencias y redes sociales generados tras la aparición de cada libro han aportado a esa exposición.

En los últimos años, desde que reside en Tarifa (Cádiz), Beatriz Díaz se ha acercado a la realidad desde un prisma inesperadamente certero e incisivo, y todavía muy poco explorado en nuestro territorio español: la Memoria Oral. España, país de frágil y todavía asustadiza memoria, lleva tiempo necesitando urgentemente un repaso a este aspecto de nuestra identidad. La Memoria Oral implica que las personas de carne y hueso, aquellos que pueden dar su testimonio y su palabra en directo, pasan a reconocerse como protagonistas de la Historia. Memorial Oral es que nadie es portavoz de nadie, es el pueblo quien cuenta su propia historia. Memoria Oral es, en fin, que lo que uno siente, piensa y hace, se acepta y reconoce como agente prioritario y motor del movimiento de nuestra sociedad. Una nueva toma de conciencia que la sociedad española necesita hoy más que nunca, y que nos fuerza a entender que tenemos “dos dimensiones humanas inseparables: la personal y la social”.

Esta pauta de trabajo le ha permitido a Beatriz Díaz sacar a la luz aspectos tristemente silenciados de nuestra historia más reciente: desde “El olor de la hierbabuena” (trabajadores españoles emigrantes en Marruecos desde el siglo XIX), “Memorias de Juan Quero, labrador, pastor y escritor” (una visión de la posguerra española en el latifundio gaditano a través de los ojos de un pastor y poeta), “Hambre, gracias a Dios, nunca pasamos” (cinco mujeres de Facinas y Tarifa que nos hablan de su infancia y juventud, trabajando en los cortijos y en las conserveras de pescado), hasta el más reciente, “Un rosal de flores chiquititas” (testimonios de represión y supervivencia de un grupo de mayores durante la guerra civil y posguerra española.) Son obras fascinantes que reflejan un trabajo prolijo, donde choca descubrir el deseo y la necesidad, intensos, de sus protagonistas de contar y compartir.

Ahora, en “Camino de Gibraltar”, Díaz ha vuelto a reunir a un grupo de mayores nacidos entre los años 20 y 30 del siglo pasado. Esta vez, dice Díaz que “ha sido un reto ser fiel a los intereses y necesidades de los protagonistas. Su vida está cubierta por varios estigmas y por un ambiente muy criminalizador, debido a su dedicación al  estraperlo y contrabando (…). Hace más de un siglo que los linenses se sienten incomprendidos y utilizados según los intereses políticos”. Y sin embargo, tras un año intenso de recogida de testimonios, reviviendo un pasado más reciente de lo que queremos reconocer; tras un año de emociones desbordadas y afectos construidos, derribando miedos y desconfianzas, sale a la luz un libro del que sus protagonistas se sienten orgullosos, porque “esta es la verdadera memoria de nuestro pueblo. Esta es nuestra historia”. Esta declaración barre con los recelos con que algunos trataron al proyecto en sus inicios y nos enfrenta con una realidad que nos interroga con dureza: ¿Quién ha querido alguna vez escuchar lo que los protagonistas tenían y necesitaban contar? ¿Quién decide qué decir o qué no decir? Y, por encima de todo, una revelación crucial: si las personas reciben apoyo y no prejuicios, si el pueblo se siente valorado y tomado en cuenta, se difuminan los miedos y la sociedad se fortalece y madura; se vuelve capaz de mirarse a sí misma y reconocerse como lo que verdaderamente es.

A través de apasionantes historias de vida y ventanas informativas sobre el contexto psicosocial, nos adentramos en nuevos aspectos de la realidad económica y social de Gibraltar: Gibraltar como espacio de apoyo y refugio, y como puerto de emigración clandestina; la oportunidad que tuvieron decenas de miles de emigrantes andaluces para sobrevivir a la sombra del Peñón y la dependencia que esto generó; la industria del sexo y el tráfico de mujeres con fines de prostitución en esta zona transfronteriza; la represión política a través de la marginación laboral y la criminalización; el estigma de la mujer española trabajadora en la colonia y los abusos sexuales hacia aquellas que trabajaban en el estraperlo; la burocracia y el saqueo a los trabajadores que a diario debían pasar la frontera, la cual alimentaba la corrupción y promovía el propio contrabando contra el que decían luchar; por último,  la cultura del contrabando asentada en la zona, o la relación entre la industria militar y el contrabando.

Como apunta Beatriz Díaz en su libro, “desvelar lo vivido desmonta la impunidad apoyada en el silencio y en el estigma, un paso imprescindible para devolver la dignidad a sus protagonistas”. Y este objetivo, sin ninguna duda, Díaz lo ha conseguido: “Camino de Gibraltar” devuelve la dignidad nunca reconocida o arrebatada, en primer lugar, a los personajes con nombre que valientemente aportan su testimonio en el libro; pero también a miles de hombres y mujeres anónimos que lucharon y trabajaron en La Línea y en Gibraltar. Así lo expresa Francisca Aguilar en el libro: “Cuando me dicen, ‘No cuentes más, que ya eso pasó’, yo digo, ‘Esta es la Historia de la vida. ¿No sucedió para mí?’. Si no se hablaran las cosas, no habría Historia”…

Queremos resaltar que el trabajo de Díaz ha tenido un apoyo fuera de lo común en la figura de Antonio Escolar, ya que acercarse a la realidad social que condiciona las diferencias en salud, y hacerlo a través de historias de vida, choca contra el enfoque metodológico clásico en epidemiología. Nuestro agradecimiento a él, por su visión lúcida y valiente. Y nuestro agradecimiento a Beatriz Díaz por haber dado voz, en un magnífico trabajo honesto y generoso, a un pedazo desconocido de nuestra historia. “Camino de Gibraltar” ha tenido muy buena acogida en La Línea y en Gibraltar, tanto entre colectivos como en medios locales de difusión. Ojalá que se dé también a conocer en otras zonas del país, porque no hay duda de que aportará al conjunto de nuestra sociedad española.

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