Edificio de El Pósito (Los Barrios)

Lugares en la Memoria de la Represión. En los pueblos que iban ocupando los golpistas durante la Guerra Civil, se habilitaban edificios públicos o privados como centros de detención y represión: en Los Barrios se usó el edificio de El Pósito, así como en La Línea fue el del Círculo Mercantil. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres de Los Barrios fueron recluídos ahí desde julio de 1936 y, en una segunda etapa, a partir de febrero de 1937. En esta fecha Málaga, que albergaba miles de vecinos de las provincias cercanas desplazados para evitar la represión golpista, fue tomada por tropas franquistas. Familiares, conocidos y las propias personas que decidieron o se vieron obligadas a regresar caminando por las sierras recuerdan cómo al llegar a Los Barrios se les encerró durante días, semanas o meses, en ocasiones previas a su fusilamiento extrajudicial. 

Edificio El Pósito (Los Barrios)

 El edificio de El Pósito es mencionado en los documentos de la Historia local de Los Barrios  por su función agrícola, cultural y religiosa, pero aún no se ha dejado constancia pública de  su uso represivo durante la Guerra Civil.  Este silencio supone un agravio hacia toda la comunidad, y especialmente a las personas que sufrieron la represión,  y que necesitan un digno reconocimiento.

Recuerdos de Pepa Acosta: «Entre los que metían al Pósito, a algunos los liberaban después, a otros los llevaban presos a Algeciras o Sevilla, o los fusilaban. Los cogían cuando llegaban por el campo y los metían en la cárcel. Metieron a muchísimos por nada… ¡Si desgraciadamente casi ninguno sabía leer ni escribir! De los que yo vi, el más viejo era uno al que llamábamos Salvoriche. Lo recuerdo allí, envuelto con una manta por los riñones. Metieron también al señor Juan Olores, que no estaba ni bueno de la cabeza. Tendría entonces sesenta años. Este hombre venía a diario desde Los Tajos de Camilla pasando por Cucarrete hasta Los Barrios, con su canasto a la espalda para vender el laurel y los madroños que recogía del monte. Mucha gente de nuestros tiempos lo recuerda por “Juan el de los Madroños” porque en otoño, el tiempo de ese fruto, nos los traía gratuitamente a los niños. Nuestra casa estaba enfrente del Pósito, y no se me olvida que varias vecinas se ponían en medio de la calle La Posada con las manos en los cuadriles, gritando, “¡El que no quepa, al Pósito; y si no, al paredón!”. (…) Allí llevaron a Pedro Moya, tío de Minuto, y a Solino, su sobrino, que era zapatero en El Pino. Mi tío Pepe Acosta había sido carbonero y arriero con ellos y por eso teníamos mucha amistad. Una mañana iba mi tío a darles el café y otra mañana iba Pepe Rojas. Un día nos dijo Pedro Moya, “El café de Solino no hace falta, que esta noche se lo han llevado”. Lo habían fusilado».

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